Originales, veganos… Complementos hechos a mano con cariño

Kucoo

iempre presente que, como consumidor, tienes el derecho a conocer cómo y con qué se elaboran los productos que compras. Sé selectivo. Compra con el bolsillo y con la conciencia. Promueve el respeto por los animales.

Para que tus paseos sean más cómodos y agradables, como lo son ahora los míos, Kucoo Hecho a Mano ha diseñado el Kit de Paseo Perruno Kucoo

El cubreorejas es una especie de redecilla que se coloca desde la parte alta de la cabeza hasta el cuello, sujetándose en esta zona gracias a dos bandas elásticas. De esta manera, en su parte central, las orejas del perro quedan resguardadas de los agentes externos antes mencionados.

Repasando los recuerdos de mi infancia, me doy cuenta de que lo de reutilizar me viene de siempre. Nunca olvidaré esa caja de corcho, con tapa deslizante, que guardaba una botella de licor que le regalaron a mi padre y que luego se convirtió en uno de mis más valiosos tesoros. Fue el armario de …

Yo reciclo, Kucoo reutiliza. Y tú ¿reciclas y reutilizas? Leer más »

Las ideas son importantes, llevarlas a cabo también. Pero contar con un espacio de trabajo cómodo, ordenado y que inspire a pasar a allí horas y horas pensando, dando forma a las ideas, es fundamental, al menos para mí. Y mi estudio, bueno, no reúne esas condiciones. Decidí hacer cambios y lograr el mejor resultado con la mínima inversión posible.

En los tiempos que corren, la palabra emprendedor se ha puesto de moda. Frases como ‘tus ideas valen mucho’, ‘saca adelante tu proyecto’ o ‘crea tu propia empresa a partir de tu sueño’ se repiten a diario con palabras diferentes y en boca de muy variados personajes. Y aunque la realidad es bastante diferente a lo que se pinta en conferencias y discursos, lo que sí es cierto es que es muy gratificante trabajar por un proyecto propio, aunque requiere esfuerzo y una muy buena dosis de fe y perseverancia.

La primera vez que la vi estaba medio dormida. Era una bolita peluda de tres meses, con largas orejas y con olor a leche. Durante su primer año de vida retó mi paciencia y luchó por hacerse con la autoridad de nuestra relación. Su obsesión por los calcetines me hizo correr tras ella en medio de la oscuridad de una noche de invierno, mientras ella perseguía los que llevaba puestos un veloz corredor que, sin detenerse, gritaba “¡Cógela, cógela!“, a lo que yo respondía, casi sin aliento, “¡Para, para!“.